Revista Politica

RESPONSABILIDAD MAGISTERIAL (para mis ex alumnos)

“En términos legales, un hombre es culpable cuando viola los derechos de otros.

En ética, lo es sólo con que piense hacerlo.” Immanuel Kant (1724-1804) filósofo-profesor alemán.

 Lic. Francisco Sunderland Álvarez

      No importa la materia que se imparta como tampoco importa el número de alumnos que asistan a la cátedra, las cuestiones relevantes son, bajo mi óptica, conocer la materia que uno se ha responsabilizado impartir; conducirse siempre con verdad; hacer valer y ejercer el derecho a la libertad de cátedra; asistir con puntualidad al proceso de enseñanza-aprendizaje e, invariablemente, transmitir éticamente la información.

       Como se sabe, la libertad de cátedra es el derecho de los docentes, especialmente los universitarios, a exponer sus conocimientos según sus propias convicciones y sin someterse a una doctrina impuesta por los poderes, sean públicos o privados.

       Bajo esa tesitura, durante muchos años, cuyo número no viene al caso citar, impartí clase tanto en licenciatura como en maestría, circunstancia que adquirió una tesitura diferente cuando estuve al frente de las materias de “Ética Profesional” tanto para Abogados como para Comunicadores, en donde la diferencia de opiniones fue marcada con sólidos obstáculos que la realidad oponía.

       En la mayoría de los casos, las confrontaciones obedecían a los puntos de vista que surgían entre “el ser y el deber ser” que, en la dialéctica, nos hacían crecer como personas y futuros profesionales en las carreras que habían elegido seguir. Este intercambio de puntos de vista, invariablemente se realizaron dentro de un marco infranqueable de recíproca tolerancia pero, sobre todo, de absoluto respeto.

       Las controversias, los debates, la defensa de los puntos de vista – unos apoyados por la autodisciplina y fuerza de voluntad que la ética exige y otros respaldados por una brutal realidad a la que oponerse no es fácil y el precio de no “alinearse” es muy alto, sobre todo cuando las convicciones y educación entran en fuerte y riguroso conflicto con esta espeluznante e imponente realidad -, dejaban, al concluir la clase, un gusto especial con el que se esperaba la siguiente sesión.

Algunos alumnos me decían que en el examen iban a poner como contestaciones a las preguntas que se formularan en la evaluación lo que se había señalado en clase sobre “el deber ser” pero que, en el ejercicio de la profesión y a la hora de buscar el diario sustento – y que me lo manifestaban clara y abiertamente, con toda franqueza y no con ánimo de incomodar -, actuarían como las circunstancias y la realidad les marcaran la pauta.

       Se comprenderá que en tal decisión, sería la vida profesional y la conducta que cada uno siguiera, total y absolutamente de su responsabilidad, siendo la propia vida la que, a fin de cuentas, la que definitivamente los iba a aprobar o a reprobar.

       Mis quehaceres, tanto en el aspecto privado como en el público, invariablemente se enfocaron hacia el bien común bajo las respectivas tónicas normativas, siendo las éticas y morales, como aquellas que surgen desde la pauta suprema hasta la más insignificante directriz reglamentaria.

       Algunos alumnos (y uso el plural gramatical y no el convencional), me manifestaron que toda aquella persona, sin excepción, que estuviera involucrada en la actividad política caía, invariablemente, en la corrupción.

       Este señalamiento cobró vida cuando a alguien se le ocurrió demandar a un cuerpo colegiado, del que formé parte y en el que se actuó – para el caso específico – en el beneficio colectivo conforme a las normas establecidas y pactadas.

       Tras más de tres años, la sentencia dictada el 23 de agosto del 2019, fue absolutoria; es decir, resultó favorable para el cuerpo colegiado, condenándose a quien demandó para que cubriera las costas de la instancia.

       Si bien es cierto que hay recursos para la parte que perdió el juicio, que fue iniciado con el ánimo de generar el conflicto, toda vez que hubo un juicio previo en el que se reclamó lo mismo a diverso demandado y que también perdió, a fin de cuentas, el actuar ético de los absueltos, en este caso, se realizó conforme a derecho y con rectitud, produciendo un fruto dulce, hasta este momento, después de haber recorrido un sinuoso y amargo camino.

       Para los ex alumnos y ciudadanos que, sin pruebas creyeron en mi congruencia entre el decir y el actuar; entre el ser y el deber ser, gracias, muchas gracias por esa confianza que se sirvieron brindarme y que considero no haber defraudado; quienes humanamente dudaron o me encasillaron en un quehacer cotidiano dentro de la actividad de muchos de los servidores públicos, espero que esta sentencia atenúe la severidad con la que me juzgaron.

       Universalmente les deseo, hoy y siempre, Salud, para que logremos nuestros objetivos en la vida. Fuerza, para que no nos desalentemos ante las adversidades y, Unión, para que no seamos divididos en nuestras convicciones. Prohibida su reproducción parcial o total. La copia o distribución no autorizada de este artículo por el autor y, en su caso, su correspondiente imagen, infringe los derechos de autor.

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